Doble nacionalidad: el fenómeno que reescribe el Mundial 2026

La diáspora que reescribe el mapa del Mundial: 289 futbolistas juegan para un país que no es el suyo
El Mundial 2026 no solo es histórico por ser el primero con 48 selecciones y por celebrarse en tres países (Estados Unidos, México y Canadá). También lo es por un fenómeno que está redefiniendo el fútbol internacional: nunca antes tantos jugadores habían representado a una selección distinta a la de su lugar de nacimiento.
Según datos difundidos por el analista deportivo Jaime Macías, de los 1.248 futbolistas que participan en el torneo, 289 compiten para una selección diferente al territorio donde nacieron. La cifra representa el 23,2% del total y marca el porcentaje más alto de la historia de los Mundiales. En Qatar 2022, el porcentaje fue del 16,5%. En los siete Mundiales anteriores a ese, la media no superaba el 14%.
La doble nacionalidad, los lazos familiares, los procesos migratorios y las reglas de elegibilidad establecidas por la FIFA explican este crecimiento acelerado. Pero detrás de las cifras hay historias personales, decisiones complejas y un fenómeno sociológico que trasciende el deporte.
Solo ocho selecciones “puras” en un mundo globalizado
De las 48 selecciones clasificadas, 40 cuentan con al menos un futbolista nacido en otro país. Solo ocho equipos presentan una plantilla compuesta íntegramente por jugadores nacidos en su propio territorio: Brasil, Panamá, Austria, República Checa, Colombia, Sudáfrica, Arabia Saudí y Suecia.
El resto ha abrazado la diversidad como una herramienta competitiva. Y ninguna selección lo ha hecho con tanta intensidad como Curazao.
Curazao: 25 de 26 jugadores nacidos en Países Bajos
La selección caribeña, que debuta en un Mundial, ostenta el récord absoluto de diversidad. De los 26 convocados por el entrenador neerlandés Dick Advocaat, 25 nacieron en Países Bajos. El único futbolista nacido en la isla es Tahith Chong, mediocampista de 26 años oriundo de Willemstad, la capital de Curazao.
La explicación es histórica. Curazao forma parte del Reino de los Países Bajos y mantiene una fuerte conexión migratoria con el país europeo. Muchos futbolistas nacidos en territorio neerlandés poseen ascendencia curazoleña y optan por representar a la selección caribeña gracias a los vínculos familiares y a las mayores posibilidades de disputar competiciones internacionales.
RD Congo y Marruecos: el poder de la diáspora africana
Detrás de Curazao aparecen varias selecciones que han construido gran parte de sus planteles con futbolistas nacidos fuera de sus fronteras. República Democrática del Congo cuenta con 20 jugadores nacidos en otros países, principalmente en Francia y Bélgica.
Marruecos, que ya en 2022 se convirtió en la primera selección africana en alcanzar las semifinales de un Mundial, presenta 19 futbolistas nacidos fuera de su territorio. Seis de ellos han nacido en España, cinco en Francia, tres en Bélgica, tres en Países Bajos, uno en Canadá y uno en Melilla, territorio español en el norte de África.
Los Leones del Atlas han convertido la diáspora en su principal fortaleza. En el partido inaugural contra Brasil, Marruecos hizo historia al alinear durante 25 minutos a once jugadores nacidos fuera del país. Noussair Mazraoui, nacido en Leiderdorp (Países Bajos) de padres marroquíes, jugó cada minuto de la victoria en la fase eliminatoria sobre el país de su nacimiento.
Achraf Hakimi y Brahim Díaz: la conexión marroquí con España
Dos de los casos más emblemáticos del torneo son los de Achraf Hakimi y Brahim Díaz, ambos nacidos en España y ambos representando a Marruecos.
Hakimi nació en Madrid en 1998, hijo de emigrantes marroquíes. Se formó en la cantera del Real Madrid, pero siempre tuvo claro que su corazón vestía los colores de Marruecos. Debutó con la selección absoluta en 2016, cuando apenas tenía 17 años. “Es una decisión que tienes que sentir. Es algo personal”, declaró el lateral derecho, que ya suma 78 partidos con los Leones del Atlas.
Brahim Díaz, también nacido en España (en 1999), tuvo un camino más sinuoso. Llegó a debutar con la selección española en 2021, pero en 2024 decidió cambiar de federación y representar a Marruecos, el país de origen de su familia. Su abuela paterna, Purificación Abdelkader, posee la doble nacionalidad. Su llegada ha sido considerada el mayor refuerzo para la selección marroquí de cara al torneo.
Los hermanos Williams: la misma sangre, dos camisetas distintas
Uno de los casos más fascinantes del Mundial 2026 es el de los hermanos Iñaki y Nico Williams. Nacidos en España, hijos de inmigrantes ghaneses que cruzaron el Sáhara para llegar a Europa, cada uno eligió un camino diferente.
Iñaki, el mayor, hizo una aparición con la selección española en 2016, pero en 2022 decidió representar a Ghana. “No es que me cansase de esperar una llamada de España. Se me abrió una posibilidad de jugar con Ghana. El presidente vino a Bilbao para…”. Su hermano Nico, por el contrario, optó por España, con la que debutó en 2022 y con la que disputa su primer Mundial.
Así, dos hermanos que comparten sangre, historia familiar y equipo en el Athletic de Bilbao, se enfrentan en el torneo defendiendo camisetas distintas. No es un caso aislado. En el Mundial 2026 hay cuatro pares de hermanos representando a selecciones diferentes: los Doué (Desire con Francia y Guela con Costa de Marfil), los Williams (Nico con España e Iñaki con Ghana), los Souttar (Harry con Australia y John con Escocia) y los medios hermanos Luckassen y Brobbey (Ghana y Países Bajos).
México y la naturalización: Quiñones y Giménez
México también ha recurrido a la doble nacionalidad para reforzar su plantilla. Julián Quiñones, nacido en Magüí Payán, Colombia, obtuvo la nacionalidad mexicana tras ocho años en el país. Debutó con el Tri a finales de 2025 y en el Mundial 2026 hizo historia al convertirse en el primer jugador en marcar un gol en un Mundial con dos nacionalidades diferentes.
Santiago Giménez, nacido en Argentina pero criado en México desde los nueve años, posee doble nacionalidad por nacimiento y representa a México por encima de Argentina. Ambos son ejemplos de cómo la naturalización se ha convertido en una herramienta estratégica para las selecciones que buscan ampliar su base de talento.
Argentina y la herencia familiar: Nico Paz y Giuliano Simeone
La selección argentina, campeona del mundo en 2022, también tiene representantes nacidos fuera del país. Nico Paz, nacido en Santa Cruz de Tenerife, España, es hijo de Pablo Paz, exdefensor de la selección argentina que disputó el Mundial de Francia 1998. Con 21 años, el centrocampista del Como eligió la camiseta albiceleste por encima de la española. “Es un sueño de toda la vida”, confesó tras su debut como titular en el torneo.
Giuliano Simeone, hijo del legendario entrenador Diego Simeone, también integra la convocatoria argentina a pesar de haber nacido en el extranjero. Argentina, con dos casos de nacionalizados, es una de las selecciones de Conmebol con presencia de futbolistas nacidos fuera del país.
Michael Olise, Erling Haaland y otras figuras globales
El fenómeno de la doble nacionalidad no distingue entre estrellas y suplentes. Michael Olise, nacido y criado en Londres de madre franco-argelina, eligió representar a Francia. Forma parte del tridente ofensivo francés junto a Mbappé y Dembélé.
Erling Haaland, el delantero noruego del Manchester City, nació en Leeds, Inglaterra, porque su padre, Alf-Inge Haaland, jugaba en ese momento en el Leeds United. Pese a haber nacido en territorio inglés, el máximo goleador del mundo decidió representar a Noruega, país de origen de su familia.
Antonee Robinson, nacido en Milton Keynes, Inglaterra, representa a Estados Unidos a través de su padre. Y Fernando Muslera, el arquero uruguayo que disputa su quinto Mundial, nació en Buenos Aires, Argentina, pero es hijo de padres uruguayos y se trasladó a Montevideo cuando tenía meses de vida.
Globalización, migración y fútbol
El profesor Gijsbert Oonk, historiador neerlandés experto en migración e identidad, resume el fenómeno: “Casi el 4% de la población mundial vive en un país en el que no nació. Esto es incluso mayor entre los trabajadores altamente cualificados y los atletas de élite. Es un reflejo de los patrones migratorios”.
El fútbol, como espejo de la sociedad, refleja esa realidad. La FIFA estableció sus primeras normas formales de nacionalidad en la década de 1960. Desde entonces, el criterio ha evolucionado hasta permitir que un jugador represente a su país de nacimiento o al de sus padres o abuelos.
Lo que antes era una excepción se ha convertido en la norma. Y el Mundial 2026, con sus 289 jugadores nacidos fuera de la selección que representan, es la prueba más contundente de que el fútbol internacional ya no entiende de fronteras.
Conclusión: un Mundial sin fronteras
La doble nacionalidad ha pasado de ser una curiosidad a convertirse en un pilar estratégico del fútbol moderno. Selecciones como Marruecos, RD Congo y Curazao han demostrado que la diáspora puede ser un activo competitivo de primer nivel. Jugadores como los hermanos Williams, Brahim Díaz, Achraf Hakimi, Julián Quiñones y Nico Paz encarnan las historias de una generación globalizada que elige su identidad deportiva más allá de las fronteras geográficas.
El Mundial 2026 no solo corona a un campeón. También consagra un nuevo paradigma: en el fútbol del siglo XXI, la nacionalidad ya no se define solo por el lugar de nacimiento, sino por las raíces, las historias familiares y las decisiones personales de quienes llevan el balón en los pies.